Como una gota de agua que no para, los casos y el daño siguen siendo de todos los días. Ya hemos perdido la capacidad de asombro. Simplemente, dirigimos la mirada hacia otro lado, y así nos curamos de esta herida, que hiere a todo el género humano. El olvido, ese eterno bálsamo, nos llevará hacia otros pensamientos. Pero la víctima quedará para siempre marcada en su capacidad de amar, con una cicatriz que nada puede borrar. Ni siquiera el más tierno de los hombres podrá desaparecer la mácula. Como un iceberg, por cada caso que se lee, miles y miles habitan el territorio del silencio, transformando a cada uno de nosotros en sordos funcionales, hipoacusia crónica que perdura a lo largo de la civilización. Si pudiéramos entender que pasa en las células básicas de nuestra organización social, quizás muchos de estos eventos se podrían prevenir y evitar. Como con un enfermo, no necesitamos que esté terminal para asistirlo. Invito a opinar, a pensar dentro de lo que cada uno de nosotros conocemos, las posibles explicaciones para prevenir, detectar, evitar o amortiguar estos eventos, pues si no lo logramos estaremos condenados a seguir siendo espectadores de mirada distraída, pero que cada vez tenemos menos lugares hacia donde mirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario